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08/05/2005 PONENCIA CONGRESO PILAR QUINTANA
¿PACTAR?
 
  
      
 
 


Buenos días a todos de nuevo.

Somos ciudadanos de diversas poblaciones que nos reunimos bajo la idea de la independencia.

Y al decir independencia no queremos decir que no tengamos conexión o necesidad de los demás, sino todo lo contrario; estamos abiertos a cualquier persona que tenga inquietudes por mejorar la sociedad en la que vivimos.

Y al decir independencia, no queremos decir que no tengamos opinión, ideas o ideales, sino que somos independientes de las ideas impuestas y del marketing en el que se ha convertido la política actualmente.

Somos ciudadanos que hemos podido tener diferentes bagajes en las ideas pero que nos hemos unido en la idea común de trabajar por nuestra ciudad como objetivo único y al trabajar por nuestra ciudad queremos decir por todos y cada uno de los ciudadanos.

Defendemos que se puede ser idealistas y luchar por esos ideales desde la política
Y somos idealistas porque creemos que hay otra forma de hacer política, una manera sensible, participativa, crítica y por supuesto autocrítica.
Y somos idealistas porque creemos en trabajar por el interés de todos y no sólo por los que crean en nosotros.

Somos representantes de los ciudadanos y por tanto son ellos los que deben marcar los objetivos y nosotros trabajar para conseguirlos.

Defendemos que la política no es el juego sucio ni el arte de las intrigas. La política es servicio a los demás y no estar al servicio propio o sólo de un colectivo.

En una sociedad donde los valores morales y éticos han dado paso al materialismo de tanto tienes tanto vales, al todo vale por mantenerse, a la lucha por el poder sólo por ser poderoso,
defendemos que la política es ética y son las personas que han hecho uso de ella los que la han convertido en la profesión de los que no la tienen.

Defendemos que el poder sólo es legítimo cuando es otorgado por los ciudadanos y se usa para crear, para ayudar, para hacer la vida más fácil.

Creemos que el poder no corrompe, que la corrupción es intrínseca en determinados individuos que han encontrado en la política su mejor caldo de cultivo.

Tenemos que demostrar que el poder es una herramienta y no un fin y que si los que llegan a un gobierno llegan con honestidad seguirán trabajando honestamente.

En esta sociedad cabemos TODOS, aunque no pensemos igual y los partidos independientes debemos invitar a los ciudadanos a construir desde la ilusión y el idealismo una sociedad mas justa, mas libre.

Somos partidos sin siglas históricas y no excluimos a nadie, somos partidos sin etiquetas de colores y queremos que nuestra ciudad mejore y para eso TODOS somos necesarios.


Los partidos independientes no podemos ser una opción que se presenta a unas elecciones para después morir como partido. No somos una opción para llegar sino para demostrar.
Demostrar que queremos acabar con los chantajes que vemos en muchos pactos para conseguir esas mayorías absolutas que no son para beneficiar a los ciudadanos, sino para instalarse cómodamente en el poder.

Los ciudadanos con sus votos deciden quienes serán sus representantes. La democracia se basa en un principio irrenunciable, LA SOBERANIA DEL PUEBLO, el protagonismo se debe arrancar de los representantes para devolverlo al pueblo.

Los votos deciden quien tendrá una mayoría para gobernar y quien ha sido elegido para controlar esa acción de gobierno y al hablar de control, no podemos quedarnos en que la oposición es descalificar al gobierno por sistema ni posicionarse en contra de cualquier propuesta solo por plantearse desde otros bancos. Hacer oposición es ayudar a gobernar, impedir que el gobierno pierda el rumbo, es vigilar el cumplimiento de la legalidad vigente. Hacer oposición es representar a todos los ciudadanos, colaborar con ellos, ayudarles en sus legítimas pretensiones.

Por supuesto que nos presentamos para gobernar nuestra ciudad y tenemos programa y gentes capacitadas para hacerlo, pero si los ciudadanos deciden que no tengamos la mayoría legitima para hacerlo, no podemos decidir por ellos quien debe formar un gobierno.

La mayoría absoluta es el trabajo fácil que suele acabar convirtiéndose en la negación de la posición del otro, en el estás conmigo o estás contra mí y lo que es peor, en el olvido de que las fuerzas políticas de la oposición representan también a ciudadanos que tienen derecho a ser escuchados a través de sus representantes y con su propia voz.

Después de cada elección asistimos a los pactos de gobierno, pactos que no se presentaron a los ciudadanos antes de las votaciones ni en los programas electorales. Pactos que obligarán a transigir al más débil a cambio de una pequeña parcela de poder que no ha sido otorgado por la voluntad popular, pactos que se convierten en chantajes para el que necesita aumentar sus fuerzas para conseguir el rodillo de la mayoría absoluta. Estamos convirtiendo la democracia en la dictadura de las mayorías y lo que es más curioso, hay pactos que se convierten en la dictadura de una minoría.

Creemos en la bonanza de los gobiernos en minoría, la vuelta a la discusión política serena, llegando a acuerdos en cada tema que concierna a nuestra ciudad, respetando los posicionamientos del adversario político, tratando de conciliarlos en beneficio de todos.

Queremos tener la libertad de defender en cada momento aquello que consideremos de interés de todos y de cada uno de nuestros ciudadanos y por ello no podemos estar sometidos a disciplinas de otros grupos que la coarten.

Llegamos a la política queriendo demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera, que los votos de los ciudadanos no nos dan patente de corso para hacer o deshacer a nuestro antojo.

Si los partidos independientes cuando obtenemos representación en una corporación entramos en el mismo juego, usamos las mismas reglas que los partidos tradicionales, los ciudadanos no entenderán que queremos que la política sea diferente, que nuestro interés es de los ciudadanos y no el de unas siglas, que nuestro trabajo es para nuestra ciudad y no para un partido.

Los partidos tradicionales recurrirán a nosotros cuando nos necesiten, porque para ellos gobernar es saber que siempre tendrán los votos que les den la razón a cualquier propuesta y cuando no nos necesiten intentaran fagocitarnos o eliminarnos porque seremos sus peores adversarios, en nuestros proyectos caben todos, en los suyos no.


El concepto de independencia aplicado a nuestras convicciones de acción política, debe definirse desde un análisis de oposición, al actual panorama político y el uso y utilización que los partidos tradicionales hacen de la legitimidad electoral.
Desvirtúan y manipulan el mandato constitucional de la representatividad y soberanía popular, definen una política basada en una dirección de poder, que nace de las altas instituciones de los partidos, hacia los órganos representativos y de gobierno, para posteriormente, ejercer dicho poder, sobre los ciudadanos y un pueblo cada vez menos soberano.

La Legitimidad electoralista, administrada por los aparatos de poder de los partidos, ha sustituido a la legitimidad democrática, en cuanto poder emanado del pueblo, justificando su existencia y manipulación en las leyes electorales que ellos mismos elaboran y proyectan.

Los grandes partidos, dejando a un lado la teoría general de la democracia, han pasado de ser intermediarios eficaces entre el poder de los ciudadanos y los poderes institucionales y de gobierno, a ser catalizadores del fraude democrático, que les sirve de instrumento para colmar sus ansias de poder y control de la sociedad, al más puro estilo de las antiguas repúblicas populares de partido único, de manera mas refinada y sibilina nos hemos convertido en democracias oligárquicas bipartidistas.

Utilizan la apariencia democrática y el conformismo y desconocimiento popular para incrustar sus imposiciones políticas, en una sociedad que lo viene aceptando por la inercia de las apariencias y manipulaciones electoralistas, ignorante de la ruptura con las reglas de juego.

Todo este entramado de vicios y prácticas que despojan de pureza y calidad nuestra vapuleada democracia, encuentra su socio, cómplice y catalizador en el Poder económico.
Los intereses económicos están secuestrando la democracia al habérsele dejado extender sus tentáculos en las instituciones democráticas y aparatos de partido, y se ha convertido, en un momento indeterminado, en el motor de la acción política.

Debemos entender que el poder económico, como el mediático, el asociativo o el sindical, deben existir y desarrollarse en una sociedad de libre mercado, pero no debemos consentir que ejerzan su influencia más allá de su campo de acción; y la verdad es que en estos momentos el poder económico tiene una gran influencia en el Poder político, hasta el punto de convertirse, como he referido anteriormente, en catalizador del desarrollo político del país y de nuestros municipios con el perverso resultado de la desvirtualización y perdida de calidad, de nuestra democracia.

Por consiguiente, ser independiente implica un compromiso con la democracia en su más puro estado y con la responsabilidad de ejercer la política, exentos de influencias contrarias a la esencia democrática. Es decir desde el servicio al ciudadano y desde la eficacia en la gestión que nos ofrece los poderes formales para colmar las expectativas y reivindicaciones de aquel que realmente ostenta el poder: EL PUEBLO.

Ante todo ser independiente es ser demócrata, y se define tal independencia como la acción política en ausencia de imperativos partidistas y de otros poderes que no provenga de manera directa del verdadero ostentador del poder y emanador del mismo, los ciudadanos.

La razón de ser de un político independiente no es otro que el del servicio al ciudadano, el respeto a la legalidad y la acción de gestión en ausencia de condicionamientos económicos, partidistas o electoralistas.

En este sentido uno de los vicios más habituales, desde el punto de vista municipal, salvando el análisis concreto del dibujo político de cada municipio, es el de los pactos de gobierno para conseguir una mayoría suficiente en cada Ayuntamiento y despejar la acción de gobierno de la necesidad de consenso y participación de otros representantes de los ciudadanos.

Entendemos que nuestras opciones políticas dibujan, una vez conseguida representación en los consistorios, en la mayoría de los casos, una situación de hecho en el que el juego de mayorías proporciona la posibilidad de cogobernar junto con alguno de los partidos mayoritarios.

El pacto que se ha institucionalizado en nuestros municipios y me refiero a lo que supone un pacto de gobierno, pero también un pacto en los órganos de representación, es decir en los plenos del Ayuntamiento en cuestión.

Debemos recordar que el pleno es un órgano enmarcado en el poder legislativo, donde reside la voluntad popular, y el gobierno municipal se enmarca en el poder ejecutivo, que procede de la voluntad de los representantes de los ciudadanos; y de ninguna manera podemos admitir la ingerencia y preponderancia del poder ejecutivo sobre el legislativo o representativo, sencillamente por respeto a la división de poderes y la pureza democrática.
ES POSBLE UN PACTO DE GOBIERNO QUE IMPLIQUE LA LIBERTAD DE VOTO DEL GRUPO MUNICIPAL EN LAS CUESTIONES PLENARIAS, pese que la práctica política habitual nos haya hecho olvidar esta posibilidad y esta verdad nacida del respeto a la teoría democrática.

En la práctica, estos pactos van encaminados en su mayoría al reparto de poder más que a la coherencia en la gestión y conviene recordar que el pacto viene perfilado en nuestro marco democrático como una opción excepcional y no como la práctica habitual que estamos acostumbrados a ver.

El sistema democrático multipartidista se define, en una de sus vertientes, como un modelo de representatividad que implica la gobernabilidad responsable y consensuada, aquella que no necesita de la mayoría absoluta para imponer sus criterios, si no que requiere el consenso y la convergencia, para que los órganos de gobierno, apliquen la gestión definida en los órganos de representación, de manera que la misma sea fiel reflejo de la voluntad popular.

La subsistencia de la independencia, depende en gran medida de su inmovilidad en su definición; es decir, seremos una opción de gestión pública, una opción de saneamiento democrático, mientras mantengamos intacta nuestra independencia y nuestras manos libres para decir y hacer en cada momento lo que nuestra esencia democrática e independiente requiere.

Ser independiente, por lo tanto, no es un punto de partida, si no un fin en si mismo; por lo que dejaremos de ser independientes en el momento en el que el devenir político y la política de pactos deje que los agentes externos a la representatividad popular a los que antes me refería, influyan en nuestra acción política

Evidentemente un pacto de gobierno en el que nuestra opción sea mayoritaria, impedirá en gran medida dicha indeseable influencia; pero un pacto de gobierno en el que nuestra posición sea minoritaria, ineludiblemente, implicará una contaminación de la acción política impuesta por los aparatos de poder de los grandes partidos.

Por eso un partido o agrupación independiente no puede ser amigo del pacto fácil e inmediato y no debe ser irresponsable con su propia esencia en cuanto a la urgencia por gobernar.

Debemos convencer al ciudadano, desde la representación que se nos otorgue, de nuestras posiciones y de la pureza y brillantez de nuestras intenciones de gobierno.


Debemos respetar la cuota de participación que nos otorguen los ciudadanos, desde la oposición constructiva minoritaria si así lo han elegido, de la misma forma que respetaremos sus inquietudes y demandas el día que nos elijan para gobernar.

Debemos preservar nuestra independencia de las injerencias de los grandes partidos, desde el respeto a los ciudadanos y a su elección democrática, porque solo de esta forma, mantendremos intacta nuestra esencia y solo de esta forma, prestaremos el servicio a nuestros vecinos de la manera que nos hemos propuesto por difícil que se nos haga.
No podemos caer en la tentación de ostentar cargos de gobierno inmediatos desde las imposiciones de ningún partido, ni ser corresponsables de ningún gobierno que no actúe de manera independiente frente a los agentes que envilecen y ningunean a la democracia y a los ciudadanos.
Nosotros no nos debemos a disciplinas que vayan contra los intereses de nuestra ciudad, nosotros podemos ser siempre la voz de los ciudadanos.

No perdamos la libertad.
No queramos interpretar la voz de los ciudadanos que es muy clara en las urnas.
Queremos gobernar cuando los ciudadanos así lo decidan, cuando las fuerzas sean equiparables, cuando no signifiquen doblegarse, cuando nuestra disciplina sea SIEMPRE el bien común, cuando el ciudadano antes de votar sepa en que condiciones gobernaremos y así el día que seamos elegidos tengamos legitimidad para hablar por ellos.

Y cuando seamos una minoría trabajaremos por todos y no nos callaran.
Y cuando seamos una mayoría gobernaremos para todos y no callaremos a nadie.
Recuperemos la ilusión de los ciudadanos, demostremos que los distintos puntos de vista siempre enriquecen, aportemos debate y no revanchas, seamos demócratas y respetemos el mandato de los ciudadanos.

Agrupación Ciudadana Independiente para Aranjuez (acipa)






 
 
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